Los resultados indican que aquellos que reportaron escuchar música casi todos los días mostraron un 39 % menos de riesgo de desarrollar demencia en comparación con quienes nunca, rara vez o solo a veces lo hacen. Además, este grupo presentó una reducción del 17 % en la incidencia de deterioro cognitivo, y obtuvieron mejores resultados en pruebas de memoria episódica y funciones cognitivas generales.
Pero los beneficios no se limitan a escuchar. Quienes además tocan un instrumento musical vieron también una disminución del riesgo —aproximadamente 35 % menor de demencia—, y cuando combinan ambas actividades (escuchar y tocar) el efecto persiste con un riesgo reducido de demencia y deterioro cognitivo en rangos de 30-33 % y 22 % respectivamente.
Aunque los autores advierten que se trata de un estudio observacional —lo que impide afirmar con certeza causalidad—, los hallazgos apuntan en una dirección alentadora. En contextos donde aún no existe cura definitiva para la demencia, incorporar la música como parte del estilo de vida podría ser una estrategia accesible y placentera para cuidar la salud mental en la tercera edad.



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